miércoles, 16 de agosto de 2023

 Introducción. ¿Qué es la filosofía del lenguaje?

Las ciencias del lenguaje

En todas las sociedades que con el tiempo se tornaron sedentarias y

urbanizadas, con una relativa densidad demográfica y una cierta extensión

territorial, hemos visto surgir, por rudimentaria que fuera su escritura, los

embriones de cuatro disciplinas cardinales. Se trata de la matemática, la

astronomía, el derecho y la gramática. El lenguaje humano, lo que llamamos

lenguaje natural, es, desde hace mucho tiempo, objeto de prácticas

técnicas (por ejemplo, las escrituras o la argumentación codificada de la

retórica) y de disciplinas que intentan realizar su descripción. Podemos

ubicar el nacimiento de la gramática en Occidente alrededor del tercer o

segundo milenio antes de nuestra era, en el momento de la aparición de

los paradigmas gramaticales (por ejemplo, un verbo conjugado en todas

las personas) en las listas bilingües sumerio/acadio1. Muchas civilizaciones

han visto surgir tradiciones de análisis lingüístico, embrionarias (los

babilonios y los egipcios) o sólidamente desarrolladas (los chinos, los indios,

los griegos, los árabes). Debemos insistir en el hecho de que todas

estas tradiciones nacieron antes de que las civilizaciones en cuestión hubieran

dominado la escritura completamente. La reflexión lingüística occidental

proviene de la tradición griega y no alcanza su madurez hasta la

gramática de Apolonio Díscolo, en el segundo siglo de nuestra era, surgi-

1. En lo que concierne a la historia de las ciencias del lenguaje, remitimos para mayores

precisiones a la Histoire des idées linguistiques, 3 vol., Liège, Mardaga, 1989-1995. El

lector podrá encontrar puntos de referencia en la cronología razonada que constituye el

apéndice 1 de la presente obra.

12 La filosofía del lenguaje

da en forma independiente mucho tiempo después de la maduración, por

ejemplo, de la gramática india (la gramática del sánscrito de Panini data

del siglo V antes de nuestra era). Los gramáticos latinos han realizado una

transferencia de la gramática del griego a su propia lengua. Más tarde esta

gramática latina será transferida a las lenguas europeas y a otras lenguas del

mundo, acelerándose el proceso a partir del siglo XVI, con el nacimiento de

las naciones-estado europeas, la expansión occidental a través del mundo1 y

el desarrollo de la imprenta. Este proceso de gramatización de las lenguas

del mundo a partir de un núcleo teórico construido para el griego y el latín es

un fenómeno único en la historia de la humanidad2. Las otras grandes tradiciones

(India, China, mundo árabe) no han producido una transferencia masiva

semejante. Podemos comparar el proceso de gramatización y sus efectos

en el devenir de las ciencias del lenguaje con lo que ha sido para las ciencias

naturales la matematización galileo-cartesiana.

Con las tradiciones lingüísticas nacionales de la Europa del Renacimiento

nace una nueva herramienta lingüística, el diccionario monolingüe3,

que a diferencia de las listas de palabras que encontramos ya en las tradiciones

orales o en las compilaciones de la Edad Media, se esfuerza claramente

por separar la información sobre la lengua (que es su objeto) de la información

enciclopédica relativa a los seres del mundo. El diccionario monolingüe

moderno apunta entonces a una nueva funcionalidad: no tiene por objetivo ni

el incremento de los conocimientos objetivos, ni el aprendizaje de una segunda

lengua, y está dirigido a los nativos que conocen ya su lengua. Su función

no puede ser otra que la de modificar la competencia (la capacidad lingüística

de los hablantes), como si se agregase a esta competencia interna de los

individuos, elementos externos (una especie de prótesis o herramienta) que

ninguno domina naturalmente.

Tanto las gramáticas como los diccionarios modernos apuntan a proporcionar

los instrumentos que permitan comprender o producir los enunciados

de una lengua natural. Se podrían proponer otros objetivos, por

ejemplo, describir y explicar las regularidades observables en todas las

lenguas. O bien, señalar los elementos sobre los que se realizan las transformaciones

cuando las lenguas evolucionan y describir cómo se efectúa

el pasaje de una lengua a otra. El primero de estos objetivos fue persegui-

1. La primera gramática del castellano, la de Nebrija, fue publicada en 1492, fecha del

célebre viaje de Cristóbal Colón.

2. Véase S. Auroux, La revolution technologique de la grammatisation, Liège, Mardaga,

1994.

3. El Dictionaire de l'Académie Française, publicado en 1694.

¿ Qué es la filosofía del lenguaje ? 13

do por la gramática general, disciplina que remontamos emblemáticamente

a la publicación de la Grammaire générale et raisonnée (1660)

[Gramática general y razonada], escrita por el filósofo A. Arnauld y el

gramático C. Lancelot para las escuelas de Port-Royal1. El segundo ha

sido objeto, en el siglo XIX, de una disciplina universitaria llamada gramática

histórica y comparada o también lingüística2. Existe una considerable

diferencia de objetivo teórico entre este tipo de disciplina y la gramática

tradicional: ni la gramática general ni la gramática comparada tienen

directamente fines prácticos, ambas se esfuerzan por producir enunciados

empíricos, es decir, verificables (o falseables), acerca de las lenguas,

persiguiendo un interés inmediato puramente cognitivo3. En nuestros

días el término lingüística o la expresión ciencias del lenguaje (véase

la nota 2 de la página anterior) se utiliza para designar globalmente las

disciplinas (semántica4, fonética5, fonología6, morfología7, semiótica/se-

1. De hecho, la gramática general es un movimiento europeo que nace de la multipli

cación de las gramáticas de las lenguas particulares. En Francia, su apogeo corresponde a

la obra de N. Beauzée, uno de los principales autores de artículos de gramática en la Encyclopédie

de D'Alembert y Diderot (1751-1775). A comienzos del siglo XIX, bajo la in

fluencia de Kant y del idealismo alemán, algunos autores construyeron una gramática ge

neral que deduce a priori las categorías gramaticales de la estructura del entendimiento.

Los lingüistas reaccionaron violentamente ante este proyecto que Husserl retomará. Véase

el apéndice 1.

2. Esta palabra comenzó a utilizarse en francés en 1812, a partir de un modelo alemán

aparecido algunos años antes; su empleo se generalizó a partir de 1840. Inicialmente de

signaba, como la gramática o filología comparada, el estudio de las relaciones genéticas

entre las lenguas. Más tarde (alrededor de los siglos XIX-XX) pasó a designar al conjunto

de las ciencias del lenguaje, incluida la gramática. En este uso, conserva una connotación

muy normativa, dado que comprende la idea de que la lingüística es una disciplina unitaria

y autónoma, cuyos criterios de cientificidad son semejantes a los de las ciencias naturales.

Frente a esta pretensión positivista, y para señalar la heterogeneidad y la multiplicidad de

los enfoques, existe la tendencia, hoy en día, de utilizar la expresión ciencias del lenguaje.

3. Es este interés el que permite calificarlas como ciencias.

4. Ciencia de los significados lingüísticos (véase el capítulo 3) y, por extensión, cien

cia que permite la interpretación de todo sistema simbólico (principalmente los sistemas

formales de la lógica, véase Sintaxis y Semántica en el Apéndice 2.).

5. Ciencia de los sonidos del lenguaje.

6. Este estudio que tomó forma de disciplina alrededor de los siglos XIX y XX, trata

del aspecto funcional, es decir distintivo, de los sonidos articulados por los seres humanos

en su actividad lingüística. Un fonema no es un sonido sino la matriz de rasgos que, en

una lengua, se utilizan para distinguir las unidades portadoras de significación. Reconoce

mos los rasgos distintivos de los fonemas, principalmente, porque dentro del mismo entor

no fónico permiten distinguir por lo menos dos elementos del léxico (prueba de pares mí

nimos: por ejemplo, en español, la oposición sorda/sonora de los fonemas labiodentales

permite distinguir entre toma y doma).

7. Estudio de la estructura de las formas lingüísticas (por ejemplo, las reglas de composición,

y de derivación de los elementos léxicos). El término morfología es un neologismo

del siglo XIX, utilizado primero en biología y en geología. El dominio de la disciplina

existe desde la Antigüedad, pero hasta el siglo XIX se le dio el nombre de etimología.

14 La filosofía del lenguaje

miología (véase el capítulo 3), sintaxis1, análisis del discurso, etc.) que

abordan cualquiera de los aspectos del lenguaje natural desde esta perspectiva.

Se trata de lo que podemos llamar el conocimiento positivo de las

lenguas naturales y de la facultad del lenguaje. Es necesario agregarle enfoques

más interdisciplinarios como la psicolingüística, la sociolingüística

y el estudio de las patologías del lenguaje.

La indeterminación del campo de la filosofía del lenguaje

La filosofía del lenguaje no corresponde a una unidad conceptual

muy clara, aún cuando esta expresión esté incluida en la descripción de

programas universitarios o de lugar a títulos de obras. Podemos usarla

para designar cosas bastante diferentes:

i) Las reflexiones sobre la naturaleza del lenguaje que encontramos

antes de la aparición de las tradiciones lingüísticas positivas y autónomas

(por ejemplo, en los presocráticos, en Platón, Aristóteles o los estoicos).

Podemos notar que la tradición lingüística occidental tiene sus fuentes en

los filósofos que comenzaron a distinguir las clases de palabras (nombres

y verbos, onoma y rhêma en Platón y Aristóteles) debido a las necesidades

de una teoría de la argumentación. Como el lector puede constatar

consultando la cronología del apéndice I, la particularidad de la tradición

occidental consiste en el orden de aparición de las disciplinas: encontramos

primero la lógica y la retórica, luego la gramática, a la inversa de lo

que ha pasado en otras partes donde la gramática siempre aparece primero2.

Esta situación debe relacionarse con la organización del saber que se

estructura entre los siglos V y VI antes de nuestra era que otorga un lugar

central a la filosofía, disciplina que no encontramos bajo esta forma y con

ese lugar en las otras tradiciones.

ii) Las concepciones acerca del lenguaje que encontramos en las

obras de autores conocidos como filósofos (hablamos de la filosofía del

1. Etimológicamente, la sintaxis designa el estudio de la forma en que las palabras en

tran en construcción para formar un enunciado. Los lógicos desarrollaron la técnica que

consiste en representar las fórmulas con la ayuda de letras; en este contexto, llamamos sin

taxis al conjunto de reglas concernientes a las fórmulas cuyas letras no son interpretadas

(véase el apéndice 2). La lingüística moderna ha seguido este camino. Al estudiar la forma

en que podían organizarse las diferentes categorías en el enunciado antes de su realización

bajo la forma de elementos léxicos, ha desarrollado la tesis tan controvertida de la autono

mía de la sintaxis.

2. Una excepción: el caso de China, donde la tradición autóctona nunca desarrolló, en

base a su propia herencia, la gramática como disciplina.

¿ Qué es la filosofía del lenguaje ? 15

lenguaje de Platón, de Hegel, de Heidegger, etc.). Se trata, a menudo, de

observaciones inconexas.

iii) Las reflexiones que apuntan a explicar la naturaleza del lenguaje

y su papel en la experiencia humana con un objetivo fundante. K. O. Apel

explica lo que, en este caso, distingue el enfoque científico del filosófico:

[la filosofía del lenguaje] no se limita a sistematizar el dominio de la investigación

de la ciencia empírica del lenguaje, o a sintetizar [...] los resultados

de esta ciencia empírica1.

La filosofía del lenguaje deviene una filosofía primera y hace de la

lengua "una entidad trascendental en el sentido en que lo entiende Kant"

(Apel, loc. cit.). Se trata, pues, de explicar de una vez por todas cuáles son

las condiciones de posibilidad del lenguaje humano y de qué forma esto

caracteriza el hecho de ser hombre. Reconocemos aquí el trabajo de toda

la tradición fenomenológica surgida de Husserl. Una de las características

de esta tradición es la de pensar que las disciplinas positivas no son aptas

para proporcionar respuestas a este tipo de problemas. Sostiene firmemente

la idea de que la filosofía —sobre cualquier objeto que se aplique—posee

una tarea autónoma. Notaremos que los trabajos de Husserl han tenido una

cierta importancia para el conocimiento positivo de las lenguas. Plantearon

claramente la cuestión del papel de la intencionalidad en nuestra actividad

lingüística (véase el capítulo 6).

iv) Un cierto número de discusiones técnicas resultantes de las representaciones

de los desarrollos y de las discusiones de los sistemas lógicos

(considerados como sistemas lingüísticos artificiales y abstractos), tal

como fueron construidos a partir de fines del siglo XIX (Frege) y a comienzos

del XX (Russell). Se ha planteado, por ejemplo, la cuestión de

saber en qué consiste el significado de un nombre propio (es decir de un

nombre en sentido propio, que designa a un individuo), si es necesario admitir

que la proposición es una entidad diferente de su realización lingüística,

o también si es correcto reducir el significado de una expresión al

conjunto de las condiciones que la hacen verdadera. Este tipo de enfoque

está bastante próximo de las reflexiones positivas sobre el lenguaje, con la

diferencia fundamental de que nunca toma en cuenta la realidad de la diversidad

de las lenguas naturales. Se trabaja sobre una sola lengua, a la

1. Die Idee der Sprache in der Tradition des Humanismus von Dante bis Vico, Bouvier,

Bonn, 1963: 22.

16 La filosofía del lenguaje

que se concibe como realizando propiedades universales (en general el inglés),

o bien sobre fragmentos de lengua artificial; dicho de otro modo, tomamos

por objeto el lenguaje en general, no las lenguas. Cuando nos refiramos

a esta tradición, desarrollada esencialmente en los países anglosajones,

hablaremos de la filosofía analítica del lenguaje.

v) Una disidencia importante de la corriente precedente, surgida de

la segunda filosofía de Wittgenstein y de la crítica a Russell realizada por

Strawson (1950), se ha negado a abordar los sistemas abstractos de la lógica

formal para desarrollar, en cambio, una filosofía del lenguaje ordinario.

El lenguaje ordinario es el lenguaje que hablan los hombres cotidianamente,

haciendo abstracción de toda formalización. Desde Francis Bacon

hasta Carnap, pasando por Locke, Leibniz y Condillac, muchos son

los filósofos que han denunciado el abuso de las palabras (los errores que

se originan cuando los hombres dan por sentado que a todas las palabras

de su lengua les corresponden entidades reales o conceptuales) y la inadecuación

de las lenguas cotidianas. Los filósofos del lenguaje ordinario toman

la posición contraria, aunque algunos de ellos podrían quizá ser moderadamente

reformistas. Su esperanza es que un análisis minucioso del

lenguaje ordinario permita acceder a los conocimientos incluidos en su

uso. El proyecto rebasa la exploración de la naturaleza del lenguaje. Para

autores como Austin, no debiera realizarse ninguna reflexión filosófica sin

haber analizado las expresiones del lenguaje ordinario que conciernen al

problema considerado. Esta orientación corresponde a lo que Rorty ha llamado

el linguistic turn1, el giro lingüístico en filosofía.

El proyecto de la filosofía del lenguaje ordinario se resume, entonces,

en dos tesis: una sobre la importancia del lenguaje ordinario y su especificidad,

la otra sobre el método filosófico. La primera es una tesis filosófica

entre otras (relativamente trivial) y la segunda no nos concierne

directamente en esta obra. Señalamos, simplemente, que el análisis de,

por ejemplo, las expresiones lingüísticas concernientes a la percepción no

es, sin duda, el método más adecuado para comprender el mecanismo de

esta actividad humana. La filosofía lingüística ha producido, sin embargo,

un cierto número de análisis importantes, particularmente a partir del redescubrimiento

de Austin del papel de los performativos, los enunciados

1. En 1967, R. Rorty publicó una antología con el título The Linguistic Turn. Recent

Essays in Philosophical Method, The University of Chicago Press (El giro lingüístico,

Barcelona, Paidós, 1990), donde se recogen los textos esenciales de los autores de la tradición

lingüística en filosofía.

¿Qué es la filosofía del lenguaje ? 17

cuya enunciación basta para realizar lo que significan (por ejemplo, "Declaro

abierta la sesión", "Yo te maldigo", etc.).

vi) Una tendencia, cuantitativamente no despreciable, ve en la lingüística

general1 lo esencial de la filosofía del lenguaje. La lingüística general

es un proyecto, nacido en el último tercio del siglo XIX, para reducir

la diversidad de los conocimientos positivos concernientes a las lenguas

humanas a un número restringido de principios firmes y seguros. El

lingüista danés L. Hjelmslev, define así este proyecto en un texto redactado

durante la última guerra mundial, pero publicado recién en 1963:

Debemos poder concebir una ciencia que no represente al lenguaje tan sólo

como un conglomerado de elementos lógicos, históricos, fisiológicos, físicos,

psicológicos y sociológicos, sino que conciba, antes que nada, al lenguaje en sí,

como una unidad autónoma, una totalidad de naturaleza particular2.

La idea de que la lingüística general sea una "ciencia" autónoma es

muy discutible, principalmente porque ello supone que la lingüística también

lo es. Frecuentemente designamos con este nombre a un enfoque global

de los principios más generales que se utilizan en la construcción positiva

del conocimiento de las lenguas y de la facultad del lenguaje. La célebre

obra de O. Jespersen, La filosofía de la gramática (original inglés,

1924), es un tratado de lingüística general concebido en este sentido.

vii) Un enfoque reflexivo de un cierto número de cuestiones surgidas

en las ciencias del lenguaje y que no encuentran allí respuestas unívocas.

Se puede calificar este campo de filosofía de la lingüística. Su aparición

supone no sólo una cierta madurez teórica de los conocimientos positivos

(una gramática pedagógica rara vez plantea problemas en este nivel, y si

lo hace, falla en su objetivo pedagógico), sino también una separación clara

entre el conocimiento positivo y la reflexión filosófica, que no puede

provenir más que de la autonomía universitaria de la primera (la gramática

especulativa medieval o la gramática general trataban directamente sus

problemas reflexivos).

Uno de los primeros grandes textos de este tipo es la obra, injustamente

desconocida, del lingüista V. Henry, titulada Antinomies linguistiques

(1896). Este especialista de la lingüística indoeuropea intenta abor-

1. Por ejemplo, en el Curso de lingüística general, de F. de Saussure, publicado por

sus alumnos en forma postuma, en 1916.

2. Le langage, París, Editions de Minuit, 1966: 25.

18 La filosofía del lenguaje

dar los problemas cruciales de la gramática comparada (la delimitación de

una lengua, la relación del lenguaje y el pensamiento, la cuestión del origen

de las lenguas) mostrando la justificación de una tesis y su antítesis,

según el modelo elaborado por Kant, en la Crítica de la razón pura, acerca

de la estructura del mundo natural (la primera antinomia kantiana, por

ejemplo, se refiere al carácter finito o infinito del mundo). Encontramos

un giro similar hacia la positividad de los conocimientos lingüísticos en el

primer tomo, dedicado al lenguaje, de la Philosophie des formes symboliques

(1922) del filósofo E. Cassirer.

El desarrollo de la gramática generativa ha dado lugar en los últimos

veinte años a una importante renovación de la filosofía de la lingüística;

en su obra dedicada en la Filosofía del Lenguaje (original alemán en

1964), J. J. Katz se expresa claramente a este respecto:

La búsqueda filosófica comienza por [la] necesidad de comprender la naturaleza

de los sistemas conceptuales. La filosofía toma por objeto los sistemas

conceptuales desarrollados por los científicos, los matemáticos, los críticos

de arte, los moralistas, los teólogos, etc. e intenta explicar y clarificar

como deben ser estos sistemas, a fin de volverse plenamente comprensibles.

Los filósofos realizan esta tarea mediante la descripción de la estructura de

estos sistemas conceptuales, el análisis de los métodos mediante los cuales

llegan a sus metas y la evaluación de la validez de sus pretensiones. La descripción,

análisis y evaluación de los sistemas conceptuales particulares en

diferentes disciplinas universitarias son realizados, hoy en día, por diferentes

ramas de la filosofía: la filosofía de las ciencias, la filosofía de la matemática,

la filosofía del arte (estética), la filosofía de la moral (ética), la filosofía

de las religiones y así siguiendo.

(La philosophie du langage, París, Payot, 1971:14)

Desde esta perspectiva1, que podemos considerar la de la filosofía

del genitivo o filosofía del dominio2, la filosofía recupera un papel crítico

1. Katz la había adoptado en 1962; en esa época, él concebía, incluso, que la filosofía

del lenguaje debía reducirse a la filosofía de la lingüística. En la obra citada, rechaza esta

posición por distinguir entre la filosofía del lenguaje y la filosofía de la lingüística; la labor

Je la primera sería explorar la relación estrecha entre la forma y el contenido del lenguaje

y entre la forma y el contenido de la representación. Se trata de un objetivo tradicional de

la filosofía del lenguaje (véase más adelante, sobre las relaciones pensamiento/lenguaje);

en la medida en que Katz respeta siempre el principio de discutir a partir del estado del

arte, podemos poner en duda que su filosofía del lenguaje sea otra cosa que una parte de la

filosofía de la lingüística. De todas formas, se trata de un campo singularmente estrecho en

relación con la rica historia de la filosofía del lenguaje.

2. E. Cassirer, Filosofía de las formas simbólicas, F.C.E., México, 1971; cf. S. Auroux,

Barbarie et philosophie, París, PUF, 1990: 174, 184, 190.

¿ Qué es la filosofía del lenguaje? 19

esencial. Tomemos un ejemplo simple. Chomsky define el lenguaje como

el conjunto de las reglas interiorizadas por un sujeto que sería un hablante/

oyente ideal; estas reglas (=lenguaje interno, concebido en comprensión)

serían capaces de generar una infinitud de frases (= lenguaje externo,

concebido en extensión). Podemos repetir esta definición como si se

tratara de una "verdad científica", perfectamente estabilizada. Pero podemos

también interrogarnos sobre el significado del infinito así introducido

y sobre su legitimidad. Para permanecer dentro de la filosofía de la lingüística,

este tipo de interrogantes debe obedecer dos condiciones: a) las

preguntas deben provenir del campo de los conocimientos positivos (sean

explícitas o no); b) las respuestas consideradas deben respetar la positividad

de los conocimientos producidos, es decir, no romper el contacto con

ellos. Por otro lado, importa poco saber si quien trata estas cuestiones es

un filósofo o un lingüista.

viii) Encontramos algunas veces bajo el título de filosofía del lenguaje

introducciones enciclopédicas que retoman confusamente las concepciones

generales sobre el lenguaje provenientes de las disciplinas positivas,

las referencias a los filósofos antiguos y a las discusiones fundadoras,

las observaciones históricas sobre el desarrollo de las ciencias del lenguaje,

etc. Es, para nosotros, un enfoque que es necesario erradicar decididamente.

O la filosofía del lenguaje recibe una definición clara y distinta

o no es más que un conjunto de generalidades y, si es así, no vale la

pena que dediquemos nuestro tiempo e inteligencia a este campo.

Es evidente que estas formas de abordar la filosofía del lenguaje no

constituyen compartimientos estancos y que una misma obra puede participar

de varias de ellas. Todo depende, entonces, de la idea que uno pueda

hacerse de la filosofía y de su relación con el conocimiento positivo.

Un enfoque problematológico

Todo conocimiento es una respuesta a un problema (o, como se dice,

a una pregunta). Algunos problemas son formulables de forma tal que es

suficiente aplicarles un procedimiento conocido para llegar a una respuesta.

Dada la pregunta: ¿ Cuál es el máximo común divisor de los números

455 y 1045? Se trata de una pregunta simple que los escolares saben resolver

con la ayuda de un algoritmo atribuido a Euclides. Comenzamos

dividiendo 1045 por 455, obtenemos 2, con un resto de 135. Dividimos

455 por 135, obtenemos 3, con un resto de 50. Dividimos 135 por 50, obtenemos

2 con un resto de 35, etc. Continuando hasta que la división sea

20 La filosofía del lenguaje

imposible, obtenemos, finalmente, 5. Retornaremos muchas veces en este

libro a la noción de algoritmo (véase en particular el apéndice 2). Lo que

nos interesa en este momento es la noción de problema. Existen, entonces,

problemas en los que es suficiente aplicar un método conocido para obtener

una respuesta en un número finito de pasos. Se trata de los problemas

más simples a los que responde el conocimiento positivo. Todos los problemas

no son de esta clase. Para algunos no hemos encontrado un método

general y para otros sabemos que no existe un método general de resolución.

Pero hay también problemas muy curiosos, como (a) y (b):

(a) Juana (Pedro) recorre la distancia de París a Roubaix en bicicleta, a

una velocidad media de 18 km/h, ¿qué edad tiene?

(b) Pedro (Juana) va de compras; compra 1 kg de manzanas a 2 pesos y 3

kilos de azúcar a 1 peso el kilo. ¿Cuánto dinero le queda?

Notamos en seguida una incoherencia en el problema (a) entre los

datos y la pregunta formulada: ambos no tienen relación. Se trata de un

problema absurdo. No es siempre fácil saber cuándo un problema es absurdo

o no. En (b), simplemente se ha olvidado indicar la suma de dinero

disponible al inicio. Se puede considerar que estos problemas están formulados

de forma incompleta o no saturada. Para poder tratar un problema

no saturado, es necesario "saturarlo", es decir, aportar los elementos

que permitan resolverlo. Podemos decir que los problemas filosóficos se

parecen a los problemas no saturados del tipo (b), excepto que disponemos

de muchas formas de saturarlos, y en cada caso la solución cambia.

Si conociéramos una sola forma de saturar y una sola solución, no estaríamos

más dentro de la filosofía sino dentro del conocimiento positivo1. En

el fondo, toda persona que se dedica seriamente a la filosofía busca saturar

los problemas para darles solución, dicho de otro modo, lo que busca

alcanzar es el conocimiento positivo. En principio, no hay, entonces, diferencia

radical de enfoque entre la investigación filosófica y la investigación

científica.

1. El lector habrá notado que empleamos bastante seguido las expresiones "conocimiento

positivo" y "positividad". Se trata de un concepto filosófico tradicional que tiene

su origen en las oposiciones bien conocidas del derecho positivo y el derecho natural, de

la religión positiva y la religión natural. La positividad es lo que existe como tal en su facticidad

(en nuestro caso, las ciencias del lenguaje); se distingue tradicionalmente de un enfoque

reflexivo y racional de tipo filosófico. El empleo del concepto no presupone una relación

entre los términos de la oposición (nuestra tesis es que no hay discontinuidad verdaderamente

asignable). No debemos confundir este concepto con el de positivismo, que designa

una doctrina filosófica sobre la que regresaremos en nuestra conclusión, a fin de

mostrar sus límites.

¿ Qué es la filosofía del lenguaje? 21

La notable inconexión que hemos advertido al examinar los dominios

que podían presentarse como filosofía del lenguaje desaparece si

adoptamos un punto de vista que intente separar los problemas a resolver.

Cualquiera sea la orientación analizada en los puntos (i) a (vii), siempre

puede ser vinculada en su desarrollo y sus esfuerzos intelectuales con los

siguientes problemas:

—la naturaleza del lenguaje y su relación con la humanidad; ¿los de

más animales hablan? ¿el lenguaje supone entidades intenciona

les (ideas, significados), incluso alguna propiedad específica del

espíritu humano (la intencionalidad)'? ¿cuál es el origen del lengua

je? ¿cómo es que hablamos? A este tipo de preguntas hay que

añadir

otras que aparecieron recién en el siglo XVIII: conciernen a la natu

raleza de la escritura y su relación con el lenguaje.

—el lenguaje y el pensamiento; ¿podemos pensar sin el lenguaje?

¿el pensamiento es un lenguaje interior? ¿los conceptos generales

no son más que palabras?

—el lenguaje y la realidad; ¿qué significan los diferentes elementos

de nuestras lenguas? ¿un término aislado puede ser verdadero?

¿la verdad de lo que decimos depende de las palabras de que dis

ponemos para decirlo?

Por supuesto, estas preguntas son demasiado generales para definir

la filosofía del lenguaje como disciplina intelectual. Sólo indican un campo.

En este dominio las preguntas se construyen y especifican constantemente,

y reciben, incluso, formulaciones que requieren un cierto adiestramiento

y trabajo para reconocerlas. Pero no es absurdo considerar que

tengamos, por extensión y haciendo abstracción de toda especificación

histórica y doctrinaria (¡dudamos de que la cuestión del lenguaje y el pensamiento

no haya sido formulada en los mismos términos por Aristóteles

y Chomsky!), una presentación suficiente de nuestro objeto. Nos resta, sin

embargo, aportar algunas precisiones acerca de (iii), (iv), (vi) y (vii).

Cuando en la actualidad tratamos, como filósofos, los problemas no saturados

concernientes a nuestro conocimiento de la naturaleza (por ejemplo,

cuando nos planteamos la cuestión de saber si el universo es cerrado o no),

abordamos la filosofía de la física. No imaginamos, ni por un instante, que el

filósofo pueda tener un acceso directo, por sus propios métodos, al conocimiento

del mundo, como lo preconiza la filosofía de la naturaleza que encontramos

en los idealistas alemanes Hegel, Fichte o Schelling. ¿Cómo podemos

explicarnos que la filosofía del lenguaje no haya cedido paralelamente

22 La filosofía del lenguaje

el lugar a una filosofía de la lingüística? ¿Qué debemos pensar del proyecto

autónomo descripto en (iii)?

Aunque (iv) no plantea el mismo problema y se apoya sobre técnicas

lógicas probadas, podemos, sin embargo, preguntarnos si es legítimo construir

una filosofía del lenguaje que no pase por el estudio del lenguaje natural,

es decir, por las disciplinas científicas que se dedican a este objeto.

Concerniente a (vi), notaremos que la lingüística general es la determinación,

por la lingüística, de su propio programa de investigación y de

la naturaleza del lenguaje siempre y cuando se someta a este programa. La

lingüística general es absolutamente libre de escoger los problemas que

desee tratar y de rechazar otros (por ejemplo, considera que la cuestión

del origen del lenguaje no es de su incumbencia). Es claro, entonces, que

no podría sustituir a una filosofía del lenguaje que espera adoptar los problemas

que acabamos de plantear.

Si adoptamos la posición(vii), es evidente que restringimos indebidamente

el campo de la filosofía del lenguaje y que dejamos de lado áreas

completas de la reflexión filosófica sobre el lenguaje. No deberíamos, entonces,

contentarnos hoy en día con adoptar nuestro recorte del territorio y

elegir uno de estos sectores. Debemos trabajar sobre la hipótesis de una

unificación del campo.

El objeto de este libro

La reflexión sobre estos puntos, pocas veces abordados en la literatura,

es lo que ha determinado el plan y la elección de los temas tratados en

este libro. Somos perfectamente conscientes, al momento de terminar esta

obra, de haber expuesto la filosofía del lenguaje de una forma no convencional.

En particular, le hemos dado una extensión que no encontramos en

los manuales más conocidos, todos los cuales efectúan una elección entre

las diferentes concepciones posibles. La elección más frecuente se efectúa

según una dicotomía entre:

—una tendencia fundamentalmente europea (incluso continental)

que privilegia un enfoque basado en un agregado de las concep

ciones i, ii y iii. A ella se une, a menudo, una crítica esencial a las

ciencias del lenguaje que serían, por definición, incapaces de com

prender la naturaleza de su objeto;

—una tendencia fundamentalmente anglosajona que privilegia las

concepciones iv, v y vii.

¿ Qué es la filosofía del lenguaje? 23

No hemos querido renunciar a nada, ni a Derrida, ni a Heidegger, ni

a Lacan, pero tampoco a Carnap o Chomsky, ni por supuesto a Platón o

Aristóteles. Nuestro objetivo es, en cierto modo, proporcionar una topografía

de todo el campo. Deseamos mostrar al lector qué forma tendría

una filosofía del lenguaje sin solución de continuidad con la filosofía de la

lingüística y, en consecuencia, con el conocimiento positivo de las lenguas.

Hemos, entonces, optado por una presentación mediante grandes

preguntas y problemas. Sin embargo, las preguntas que se plantea una filosofía

de la lingüística se relacionan esencialmente con el estado del saber.

Nuestro objetivo no es abordarlas en su aspecto más técnico. Deseamos

solamente presentar al lector una obra que muestre cómo ciertas preguntas

recurrentes pueden ser transformadas, aunque permaneciendo,

aproximadamente, en el mismo dominio; en forma accesoria, presentamos

las soluciones posibles. En este sentido, permanecemos dentro de los límites

de un manual de referencia de la filosofía del lenguaje, manual que

deseamos destinar tanto a un estudiante de filosofía como a uno de lingüística,

y a todos aquellos que, tarde o temprano, confrontarán los problemas

del lenguaje.

Uno de los problemas que hemos debido enfrentar es el lugar que se

debe dar a la historia de la reflexión lingüística. Por un lado, la filosofía

del lenguaje no debiera ser un catálogo de teorías dispuestas cronológicamente.

Por lo demás, nuestra aproximación decididamente problematológica

nos impedía este defecto. Hemos privilegiado resueltamente la modernidad.

Pero, por otro lado, la ausencia de preocupaciones históricas encierra

una visión insuficiente del presente; en cada etapa nos arriesgamos

a reinventar el camino y a presentar en una forma ingenua los viejos problemas

y los modelos de saturación clásicos como novedades. Aunque la

historia no es, en sí misma, el objeto de nuestra exposición, recurrimos a

ella frecuentemente y ella constituye el marco de nuestra reflexión. La

cronología comentada del apéndice 1 permitirá al lector informarse, al

mismo tiempo que tener una idea global ausente con frecuencia.

Por supuesto, a pesar de nuestras preocupaciones pedagógicas, hemos

intentado no ceder nada en el dominio de la exactitud y de los contenidos

técnicos. Las dificultades no serán las mismas para diferentes clases

de lectores. Para los no filósofos, los capítulos 3,4 y 5, especialmente, parecerán,

quizá, arduos, los filósofos tendrán que habituarse a manipular

conocimientos a los que no están necesariamente habituados, en particular

en los capítulos 8, 9 y en el apéndice 2. En este último hemos concentrado

las observaciones concernientes a la matematización de las ciencias del

24 La filosofía del lenguaje

lenguaje y los problemas que plantea hoy día, en lugar de colocarlo como

capítulo del texto principal. Esto significa que el lector puede, en un primer

momento, no leerlo o abordarlo en forma separada.

Dejando de lado algunas alusiones, nos hemos limitado intencionalmente

a la tradición occidental. Esto no constituye una negación de la importancia

de la filosofía comparada, incluyendo la necesaria toma de conciencia

de la diversidad de formas en que las diferentes civilizaciones reflexionaron

acerca del lenguaje. Insistimos en esta diversidad, en cuanto

al origen de las tradiciones, en el apéndice 1. Por lo demás, pensamos que

es más fácil para el lector comenzar por abordar de frente una sola tradición.

Al mismo tiempo, explicamos los términos técnicos; el lector podrá

orientarse más fácilmente gracias al índice de temas. La bibliografía, finalmente,

permitirá al lector ir más allá de las informaciones y cuestiones

tratadas en el texto. Hemos privilegiado las obras en francés; las numerosas

referencias indispensables a artículos y obras en otras lenguas que no

son el francés se mencionan en la medida de su discusión.

Antes de concluir esta introducción, nos resta decir una palabra sobre

nuestras propias elecciones teóricas. Es en vano engañarse, nuestra

exposición testimonia un cierto tipo de elección. El lector verá que nuestras

simpatías se inclinan más hacia la asignación de un lugar central a la

filosofía de las ciencias del lenguaje en la filosofía del lenguaje, que hacer

de esta última una filosofía primera. No proponemos siempre soluciones a

los problemas presentados, pero cuando lo hacemos tomamos partido indudablemente.

No vemos como hacerlo de otra forma, si queremos evitar

una obra chata y aséptica. No tememos asumir una cierta originalidad, incluso

al punto de presentar una visión casi inédita (cf. nuestro capítulo sobre

la automatización del lenguaje o el último capítulo sobre la ética lingüística).

Tampoco es inocente el intento de unificar el campo de la filosofía

del lenguaje. No creemos que ello pueda perjudicar el objetivo pedagógico

de realizar una introducción a la filosofía del lenguaje. En primer

lugar, hemos intentado presentar honestamente el máximo de puntos de

vista. El objetivo principal es lograr que se comprenda que ocupándonos

de la filosofía del lenguaje nos ocupamos de un sector fundamental, central

incluso, de la reflexión filosófica, difícil y técnico en verdad, pero que

se encuentra en pleno desorden y que requiere de nuevas contribuciones.

A continuación, invitamos al lector a no creernos una sola palabra, aunque

presentemos argumentos en tal o cual dirección. Debe, por el contrario,

ser escéptico, buscar contradecirnos y encontrar nuestros defectos. Es en

este contexto que la cantidad de informaciones que hemos reunido y dis¿

Qué es la filosofía del lenguaje? 25

cutido dará verdaderamente su fruto: la filosofía no es ni un "prêt a penser"

[listo para pensar], ni una presentación de doctrinas estandarizadas,

¡consiste antes que nada en incitar a la reflexión!

Agradecimientos

Durante la elaboración de este libro nos hemos beneficiado de las observaciones

críticas a las diversas versiones del manuscrito que nos hicieron B.

Colombat, M. Cori, A. Daladier, S. Laugier, J. Léon e I. Rosier. H. Sinaceur

ha leído atentamente el capítulo 10; debemos a P. Roulon varios ejemplos

inéditos del capítulo 5. E. Lazcano nos ha dado apoyo como documentalista

especializado, y debemos a J. Arpin varias ideas sobre la presentación del

manuscrito. Somos igualmente deudores de las discusiones con numerosos

investigadores del Laboratorio de historia de las teorías lingüísticas, de la Universidad

París 7 (URA 381 del CNRS), en particular con J. Guilhaumou y F.

Maziére. Agradecemos, igualmente, los múltiples intercambios con los etnolingüistas

E. Bonvini y F. Queixalos. Sin la participación generosa de todos, no habríamos

podido, ciertamente, llevar a cabo nuestra tarea. Por supuesto, aceptamos

la responsabilidad exclusiva por nuestros errores, nuestras debilidades y

nuestras elecciones teóricas.